Manolo Santana abre la puerta de Roland Garros para el tenis español

By on 24 mayo, 2020

  • Hasta 1961 los españoles solo habían disfrutado de las semifinales de Lilí Álvarez
Manolo Santana abre la puerta de Roland Garros para el tenis español
Manolo Santana, el Roland Garros (Pedro Hernández)

Por: Pedro Hernández

Artículo publicado en La Vanguardia

En las tres últimas décadas, Roland Garros se ha convertido en una especie de ‘Salón de la Fama’ de grandes éxitos del tenis español. Sin embargo, la historia no fue siempre así. De hecho, desde la fundación del torneo, sólo tres españoles, Eduardo Flaquer en 1925 y Manolo Santana Andrés Gimeno, en 1960, alcanzaron los cuartos de final masculinos, y una mujer, Lilí Álvarez, en tres ocasiones, las semifinales de la prueba femenina (1930, 1931 y 1936).

La sequía en Paris llegó a su fin el 27 de mayo de 1961, cuando el tenis español alcanzó su primera corona individual en un torneo de Grand Slam con la victoria de Manolo Santana en los Internacionales de Tenis de Francia, superando en la final al italiano Nicola Pietrangeli por 4-6, 6-1, 3-6, 6-0 y 6-2.

Santana logró la victoria frente al Nicola Pietrangeli

Fue una noticia tan inesperada para un deporte con escasa repercusión en España, que no hubo un solo periodista, ni dirigente español, desplazado a París, en una competición que apenas se difundió como Roland Garros, sino como Campeonatos de Francia o Internacionales de París, según las breves crónicas de la época.

Manolo Santana, había debutado en Roland Garros el año anterior. Y mostró que era algo más que una joven promesa, superando en su segundo partido a Rod Laver en cinco increíbles sets. En sus memorias, Laver recuerda aquel partido como fundamental para él. “Ante Santana me di cuenta de todo lo que debía mejorar mi tenis sobre tierra batida si alguna vez quería vencer en París”, escribió Laver. Santana cayó en los cuartos de final ante el chileno Luis Ayala, ronda en la que también fue derrotado Andrés Gimeno, en su caso por Pietrangeli.

Manolo Santana, el Roland Garros
Manolo Santana, el Roland Garros (Pedro Hernández)

Un año después, Santana llegó a Roland Garros como sexto cabeza de serie, y con buenas sensaciones en los torneos anteriores. Había disputado la final de Londres ante Pickard y derrotado a Laver en el torneo de Barranquilla. A principios de mayo, había formado parte del equipo español de Copa Davis que superó a Yugoslavia en Split por 3-1. Ganó sus dos partidos individuales ante Boro Jovanovic y Vladimir Presecki, y también el doble formando pareja con Alberto Arilla.

Y justo antes de París, Manolo fue semifinalista en los Internacionales de Italia, donde fue superado por Laver en cuatro sets. Aquel año, el torneo cambio su sede de Roma por la de Turín, como uno de los actos conmemorativos del centenario de la proclamación del Reino de Italia. El torneo lo ganó Pietrangeli, que llegó como claro favorito para la tercera corona en Roland Garros.

Pietrangeli pronosticó una derrota de Santana ante Emerson

En una final vibrante, en la que Pietrangeli buscaba el tercer título consecutivo en París, algo que no sucedía desde 1914 (Max Decugis), Santana frustró ese triplete aplicando todos los golpes de un repertorio basado en su portentosa muñeca y su golpe liftado de derecha. La prensa francesa calificó la final como la mejor de los últimos años, y a Santana como “simpático, joven, emocional, feliz e imprevisible”.

La volea de revés con la que Santana cerró el partido, dio paso a un minuto que explicó mucho de lo especial que era esa final para el madrileño. Santana saltó de alegría, tiró la raqueta, se acercó a la red, la pasó por debajo, se abrazó a Pietrangeli y se quedó literalmente colgado del cuello de su amigo llorando e incapaz de articular una palabra.

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Tras la ceremonia, Pietrangeli le preguntó a Santana por qué no saltó la red y decidió pasar por debajo. “Cuando era recogepelotas en Madrid, pasaba así de un lado a otro de la pista, y por eso lo hice así”, le respondió el español.

Manolo Santana, el Roland Garros
Manolo Santana, el Roland Garros (Pedro Hernández)

Más allá de la rivalidad deportiva, Manolo y Nicola eran, y siguen siendo en nuestros días, grandes amigos. Ya entonces, Santana se dirigía a Pietrangeli como ‘Il Capitano’. Tras la primera ronda del torneo, en la que el español cedió un set ante el rhodesiano Adrian Bey, ambos se reunieron en el vestuario para analizar la competición.

– ¿Con quién te mides en segunda ronda?, preguntó Pietrangeli.

– Con Istvan Guylas, respondió Manolo.

– Bien. A ese le ganas. ¿Y, luego?’

– Posiblemente con William ‘Pato’ Álvarez.

– Seguirás vivo. ¿Y entonces?

– Podría ser Mike Sansgter o Fred Stolle.

– Les vas a ganar. ¿Y ya en cuartos de final?

– Sin duda, ante Roy Emerson.

– ¿Emerson? No vas a tener muchas opciones ante Emerson, finalizó la conversación Pietrangeli con una mueca.

La charla en el vestuario entre Santana y Pietrangeli se plasmó en la pista. Manolo alcanzó los cuartos de final sin ceder un set tras eliminar a Gulyas, Álvarez y Sangster. También el pronóstico se cumplió y su rival en cuartos fue Roy Emerson. Pero el resultado no fue el vaticinado por Pietrangeli. Santana superó en un sensacional partido a Emerson por 9-7, 6-2 y 6-2.

El próximo escollo era Rod Laver, que venía con la moral de haber derrotado a Manolo en Turín. Fue un partido extraordinario, que a punto estuvo de acabar muy mal para el español cuando se torció el tobillo en el tercer set. Fue el propio Laver quien acudió en su auxilio, incluso dándole un masaje en la zona, ayudándole a llegar a la silla y esperando a que se recuperara. Laver dominaba el partido pos dos sets a uno (6-4, 1-6 y 6-3), pero el final de Manolo fue explosivo y apenas permitió dos juegos al australiano en los dos últimos sets (6-0 y 6-2).

«Para mí aquel partido lo era todo. Era mi sueño. Nicola se puso nervioso conforme avanzaba el match, y le pesó su condición de gran favorito”

Manolo Santana

Y los amigos, Nicola y Manolo, se encontraron en la final. Si Manolo estuvo a punto de tirar por la borda su camino con la torcedura de tobillo, Pietrangeli también tuvo su momento crítico en el torneo. Tras vencer al francés Contet en segunda ronda, al campeón italiano se fue a ver a Jacques Dorfmann, el juez árbitro y le dijo: ”Debo regresar a Roma. Quiero ver nacer a mi hijo. Regresaré en dos días”. Pietrangeli estuvo tres días ausente de París, pero John Newcombe, su rival, accedió a esperarle.

Y la final fue también fantástica. “Para mí aquel partido lo era todo. Era mi sueño. Nicola se puso nervioso conforme avanzaba el match, y le pesó su condición de gran favorito”, reconoció Santana años después.

Al entrar en el vestuario, le esperaba Álvaro Romero-Girón, el socio del Club de Tenis Velázquez que apoyó a Manolo en sus estudios y su carrera. “Es mi padre. Es mi padre”, gritó Santana con la Copa Pierre Gillou en sus manos (la actual Copa de los Mosqueteros no comenzó a entregarse hasta 1981).

De los agasajos en el vestuario, a la tradicional sesión de fotos en la Torre Eiffel, visita a la embajada de España, desde donde se comunicó con su familia para decir que había ganado, y de allí directo al aeropuerto. Perdió el vuelo de Iberia a Madrid, pero pudieron colocarle en un Caravelle de Air France que llegó casi a medianoche. Allí Santana fue recibido por un pequeño grupo de socios del Club de Tenis Velázquez y por Jesús Govantes, presidente de la entonces llamada Federación Centro, que comprendía las regiones de Madrid, Toledo, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Ávila y Segovia.

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