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Tenis sueco; el destierro del paraíso.

By on 28 octubre, 2014

Ni en la peor de las pesadillas se podría construir una realidad tan devastadora como la que está viviendo actualmente el tenis sueco. Si hace cuarenta años el mundo disfrutaba del ‘fenómeno Borg’, en la actualidad no encontramos ningún jugador escandinavo entre los 200 primeros de la clasificación. La que fuera una de las grandes potencias internacionales ha visto caer su estatus con el paso de los calendarios, hasta el punto de que llevan tres temporadas sin que ninguno de sus jugadores se clasifique de manera directa a un torneo profesional.

El relevo generacional nunca es fácil de aplicar, mucho menos si caemos en el agravio comparativo. En los años 70 Bjorn Borg dominaba el mundo de la raqueta anotándose cinco Wimbledon y seis Roland Garros. Ni siquiera le hacía falta competir en Australia o Nueva York, aquello estaba demasiado lejos para él. Luego llegaron Edberg y Wilander, sumando trece Grand Slams entre los dos. El tenis sueco causaba furor en cualquier rincón del circuito con el añadido de que las categorías inferiores iban respondiendo de manera progresiva. Pero hasta los mejores manantiales acaban quedándose secos.

 

Christian Lindell (número 226 del mundo) y Elias Ymer (número 233) son, a día de hoy, los dos mejores hombres del equipo sueco. El primero de 22 años y oriundo de Río de Janeiro, aunque nacionalizado escandinavo. El segundo, de la cosecha de 1996, llamado a ser el que ponga a fin a este pozo sin fondo cargado de recuerdos y desesperación. Entre ambos suman dos victorias ATP, la tercera cae a cuenta de Patrik Rosenholm, de 26 años y 382º del ranking. El panorama es desolador.

El ostracismo que han sufrido en Suecia ha sido progresivo y alarmante, hasta el punto de que ya no existe representación alguna en los torneos importantes. En los años 90, aquella tendencia triunfante la continuaron los Gustaffson, Björkman, Larsson, Nystrom o Norman. Incluso ya inmersos en el nuevo milenio pudimos ver a Robin Soderling, nacido en Tibro, disputando dos finales consecutivas en la Philippe Chatrier, aunque en ninguna pudo salir victorioso. Quizás la federación no supo aprovechar el momento cumbre, o quizás jamás pensó en que la situación no llegaría a este punto de insostenibilidad. De lo que no cabe duda es de que han tocado fondo.

Quién sabe si en unos años España puede verse en la misma situación cuando los Nadal, Ferrer y Robredo digan adiós al circuito. Motivos para temer existen. De momento, quien están en el alambre son los suecos, un país que entre 1983 y 1998 protagonizó once finales de Copa Davis, levantando seis. Sería un error evocar tanta gloria y sentirla ahora como fracaso, ya que lo realmente inaudito es lo que consiguieron Edberg y compañía. El conflicto nace en las profundidades de Suecia, donde la retirada de Soderling en 2011 supuso la gota que colmó el vaso, un vaso que lleva tres cursos fracturado y sin esperanza de recomposición.

Dicen que todo tiempo pasado fue mejor, estamos ante el mejor de los ejemplos.

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