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Acapulco honra a Gaël Monfils

By on 27 febrero, 2026

Fotos: Mextenis

La edición XXXIII del ATP 500 del Abierto Mexicano vivió una de sus noches más especiales con el homenaje a Gaël Monfils, uno de los jugadores más carismáticos y queridos del circuito ATP. En el que es ya su último año como profesional, el francés recibió un reconocimiento cálido y multitudinario tras su partido de segunda ronda, un gesto que subraya la huella profunda que ha dejado en Acapulco y en el tenis mundial.

El homenaje tuvo lugar el miércoles, inmediatamente después de su derrota por 3-6, 3-6 ante Valentin Vacherot. Lejos de cualquier tono triste, el acto se convirtió en una celebración de su trayectoria, marcada por la creatividad, la longevidad y una conexión única con el público.

Uno de los momentos más emotivos llegó con la presencia de Juan Martín del Potro, invitado especial del torneo. Monfils le dedicó unas palabras que reflejaron la admiración mutua entre dos referentes de su generación:

“Tuvimos grandes batallas. Es un gran campeón. Para mí significa mucho que estés aquí, que envíes mensajes. Muchas gracias, Juan Martín, y gracias también a los demás.”

Ambos jugadores se enfrentaron dos veces en el circuito, con dos victorias del argentino en Rotterdam (2013 y 2014).

Monfils siempre encontró en Acapulco un escenario ideal para desplegar su tenis eléctrico. Su relación con el torneo se remonta a 2009, cuando alcanzó la final del Abierto Mexicano, entonces disputado sobre tierra batida. Desde entonces, el público mexicano lo adoptó como uno de los grandes animadores del torneo.

Este año, además, logró en Acapulco su primera victoria de 2026, derrotando a Damir Dzumhur en primera ronda, un triunfo simbólico en su temporada de despedida.

El acto repasó los hitos de un jugador que ha marcado época. Ex No. 6 del mundo, Monfils acumula 13 títulos ATP y un registro profesional de 584–353, cifras que reflejan su consistencia en dos décadas de carrera. Pero su legado va más allá de los números: redefinió el espectáculo en la pista con su golpes imposibles, sus defensas acrobáticas y su capacidad para convertir cada punto en en épico levantado al público de sus asientos.

Compañeros del circuito enviaron mensajes de reconocimiento, destacando su espíritu competitivo, su autenticidad y su influencia en generaciones más jóvenes.

Acapulco no solo homenajeó a un jugador exitoso, sino a un artista del tenis. Monfils representó siempre la libertad creativa, la improvisación y el disfrute puro del deporte. Su forma de competir —intensa, expresiva, imprevisible— lo convirtió en un favorito del público en cualquier parte del mundo.

El torneo mexicano quiso agradecerle precisamente eso: su capacidad para emocionar, para conectar y para recordar que el tenis también es espectáculo.

Aunque el homenaje tuvo sabor a despedida, Monfils dejó abierta la puerta a seguir compitiendo mientras la ilusión lo acompañe. Lo que sí es seguro es que Acapulco ya lo considera parte de su historia.

El francés se marchó entre aplausos, consciente de que su legado trasciende títulos y estadísticas: es el legado de un jugador que hizo del tenis un show continuo.

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