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El tenis me enseñó a perder el miedo

By on 6 noviembre, 2026

De ser un chico introvertido a encontrar mi confianza como entrenador

Por Alex Muñoz

Durante mucho tiempo me costó hablar delante de otras personas, dirigir un grupo de entrenamiento o corregir a un alumno. Nunca imaginé que aquello que tanto respeto me imponía acabaría convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida.

Cuando tenía 16 años, era un chico bastante introvertido. Me costaba relacionarme con la gente, hablar delante de otras personas y, sobre todo, desenvolverme en situaciones en las que sentía que toda la atención estaba puesta en mí.

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El tenis ya formaba parte de mi vida, pero nunca imaginé hasta qué punto también iba a convertirse en una herramienta para mi crecimiento personal.

Con el paso del tiempo empecé a dar mis primeras clases. Al principio, situaciones que hoy pueden parecerme completamente normales suponían un auténtico reto: dirigirme a un grupo de alumnos, explicar un ejercicio, corregir un error técnico o simplemente tomar la iniciativa delante de otras personas.

No era una cuestión de no saber qué tenía que hacer. Muchas veces sabía perfectamente qué quería transmitir, pero me costaba dar ese paso y expresarlo con naturalidad.

Tenía vergüenza, inseguridad y miedo a equivocarme. Me preocupaba lo que pudieran pensar los demás y, en ocasiones, daba demasiadas vueltas a cosas que probablemente para cualquier otra persona eran completamente normales.

Pero hubo algo que, sin darme cuenta, empezó a cambiarlo todo: seguir haciendo aquello que me daba miedo

No necesitaba cambiar mi personalidad, necesitaba darme oportunidades

A medida que fui dando más clases, empecé a enfrentarme cada vez con más frecuencia a esas situaciones que tanto me costaban.

Un día tenía que explicar un ejercicio delante de varios alumnos. Otro día debía corregir un error técnico. En otras ocasiones me tocaba organizar una sesión, dirigir un grupo o tomar decisiones durante un entrenamiento.

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Y así, poco a poco, fui acumulando experiencias. Lo curioso es que no hubo un momento concreto en el que decidiera convertirme en una persona diferente. Tampoco hubo un cambio radical en mi personalidad ni una fórmula mágica que hiciera desaparecer mis inseguridades.

Simplemente seguí haciendo cosas que al principio me resultaban incómodas. Con cada clase, con cada entrenamiento y con cada situación nueva, empecé a sentirme un poco más cómodo. Lo que antes me generaba nervios comenzó a formar parte de mi rutina. Lo que antes me parecía complicado empezó a salir de una manera mucho más natural.

Y ahí entendí algo que hoy considero fundamental: muchas veces esperamos a tener confianza para hacer determinadas cosas, cuando en realidad es precisamente hacerlas lo que nos permite ganar esa confianza.

La confianza se construye haciendo, no esperando

Si hay algo que he aprendido durante este proceso es que no siempre tenemos que sentirnos preparados para dar un paso adelante.

A veces esperamos a tener más seguridad, a perder la vergüenza o a sentir que dominamos completamente una situación. Pero la realidad es que esa seguridad difícilmente aparece si seguimos evitando aquello que nos incomoda.

En mi caso, el tenis me permitió vivir ese proceso de una manera muy natural. Cada clase era una nueva oportunidad para expresarme, comunicarme, tomar decisiones y aprender a desenvolverme mejor delante de otras personas.

No se trataba de dejar de ser una persona introvertida, sino de entender que mi personalidad no tenía por qué limitarme a la hora de conseguir aquello que quería.

Podía seguir siendo yo mismo y, al mismo tiempo, aprender a comunicar mejor, dirigir grupos, transmitir conocimientos y sentirme cómodo en situaciones que antes me imponían muchísimo respeto.

Mirar atrás para entender todo lo que he avanzado

Hoy, cuando miro atrás y recuerdo al chico de 16 años que sentía vergüenza de hablar delante de un grupo, me doy cuenta de todo lo que ha cambiado.

Muchas de las situaciones que antes me parecían enormes ahora forman parte de mi día a día. Dar una clase, explicar un concepto técnico, corregir a un jugador o dirigir un entrenamiento son actividades que he ido incorporando a mi vida a base de repetirlas y enfrentarme a ellas.

Por eso he querido compartir mi historia en una serie de vídeos, echando la vista atrás y mostrando esa evolución personal y profesional.

Creo que es importante enseñar no solamente los resultados, los logros o la parte bonita de nuestro camino, sino también el proceso que hay detrás. Las inseguridades, las dificultades y esos pequeños pasos que, aunque en el momento puedan parecer insignificantes, terminan marcando una gran diferencia.

Porque no siempre somos conscientes de cuánto estamos avanzando mientras estamos viviendo el proceso.

Un mensaje para quienes sienten que no son capaces

Si tuviera que transmitir una idea a alguien que actualmente se encuentra en una situación parecida a la que yo vivía con 16 años, sería esta: no esperes a perder el miedo para empezar.

No necesitas convertirte en otra persona, ni tener una confianza extraordinaria desde el primer día. Tampoco necesitas hacerlo todo perfecto.

Simplemente empieza. Habla aunque te dé vergüenza, participa aunque tengas inseguridad, dirige ese entrenamiento aunque sientas nervios y atrévete a ocupar ese espacio que ahora mismo te cuesta tanto.

Es posible que al principio no salga como esperabas, pero cada experiencia te dará algo que no puedes conseguir quedándote en tu zona de confort.

En mi caso, el tenis fue mucho más que un deporte o una profesión. Fue el entorno en el que, poco a poco, aprendí a desenvolverme mejor, a confiar en mí mismo y a descubrir capacidades que probablemente ni siquiera sabía que tenía.

Y si algo tengo claro después de todo este recorrido es que no siempre necesitamos cambiar quiénes somos para llegar más lejos. A veces, simplemente necesitamos atrevernos a hacer aquello que todavía nos da miedo.

Porque la confianza no llegó antes de empezar. Llegó mientras lo hacía.

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